Tribuna preferente: apuntes desde la grada

Cada deporte, cada escenario o cada asiento en un estadio, pabellón o polideportivo deja sensaciones, ideas y garabatos en una servilleta. Aquí tienes esos apuntes de manera más ordenada, y con los que puedes estar de acuerdo o no, pero por lo menos espero que los disfrutes. Es lo bueno del deporte, hay sitio para todos...

martes, julio 01, 2008

¡YO SOY ESPAÑOL, ESPAÑOL, ESPAÑOL!

Demasiado tarde para una crónica que no apetece leer, ya sólo apetece disfrutar. Al fin hemos levantado nosotros la Copa, esa que siempre levantaban otros. Al fin está adornada con la bandera española. Al fin cantamos, al fin reímos, al fin celebramos. Esta vez nos tocó, e iba siendo hora. Tenemos una Copa de Europa a color, en color rojo de España.

No logro analizar ningún detalle de estos días pasados, tan sólo puedo agradecer. La palabra gracias es la que más repito. Agradecer a los jugadores lo que han hecho por este país. Me gusta ver la bandera ondeando en todas las calles de la ciudad sin importar quien la lleve. Porque "yo soy español, español, español", porque mejor no se puede jugar al fútbol, porque lloré. Porque hace 44 años fue la última y pienso en toda la gente que lo ha pasado mal con la selección. Tanto tiempo sólo era para que ahora lo pasáramos mejor, para que disfrutáramos más, y somos muchos los que lo pasamos bien. Porque después de ganar ya no quiero letra en el himno, me gusta el "la la la la la la la la". Porque tenemos a un portero que es un Santo y porque soy fan de Torres desde que jugaba en el Atleti y no me da miedo reconocerlo.

Reconozco que era pesimista y ahora soy fiel a la causa. Pido perdón por todo lo que pudiera haber dicho y me he tenido que comer. Porque España lo merece. Porque los eslóganes de publicidad al fin son ciertos, "Imposible is nothing", "Ser español no es una excusa, es una responsabilidad", "Podemos". Porque la calle no se la merece la madre de Iker Casillas, se la merece Casillas, o incluso los dos. O los 23, y Luis Aragonés, y Manolo el del Bombo… Queremos calles para todos. Porque en medio de esa excitación general se acordaron Antonio Puerta y del recientemente fallecido Genaro Borras. Porque el corazón lo tienen para luchar pero también para sentir. Porque Pepe Reina consiguió que me riera, que llorara, que volviera a reír, y que volviera a llorar.

Porque el país entero debía abandonarse a la celebración y olvidar todos los problemas. Porque me gusta ver a Xavi, un catalán, gritando viva España, y a Silva, un canario, y al guaje Villa, y a Casillas, y a Senna, que realmente nació en Valencia y el color de su piel es una excusa para explicar que sabe bailar samba… Me gusta España, ¿lo he dicho?

Tan solo se puede decir gracias, porque somos felices. Porque esto debe ser lo mas parecido a la felicidad y espero que mi novia no lea estas líneas. Porque estamos orgullosos del país, de la tortilla de patata, del jamón, de los toros, y de cualquier detalle rojigualda que encontremos por las calles. Y sobre todo estamos orgullosos de estos 23 héroes que nos han hecho pasar uno de los días más grandes de nuestras vidas.

Por todo esto y mucho más…

¡VIVA ESPAÑA!

lunes, junio 23, 2008

CASILLAS ROMPE EL GAFE DE CUARTOS

Empezaremos por el final aunque no sea lo más normal. Desvelaremos el desenlace antes de desgranar el argumento. Un final que a estas alturas ya todos conocen pero no por eso hemos de dejar de repetirlo. Casillas nos llevó a cuartos. Ikerman o el Santo, llámenle como quieran. Confieso haber pasado todo el partido con miedo, acojonado (perdón) vamos, pero llegados a los penaltis, justo cuando la palabra Buffon resonaba temerosa en boca de los españoles no me cupo duda: el santo estaba bajo los palos, ganaríamos. Muchos en ese momento proclamaron su agnosticismo mientras veían a Buffon tratando a Casillas como un meritorio; sonrisas, palmaditas en la cara, toques cariñosos; parecía decirle, “has estado bien pero este es mi momento”. Agnosticismo, como decía, en el mejor de los casos ya que el ateismo se apoderó de otros muchos que incuso hubieran sacado a Reina si hubieran permitido un cambio en ese momento. Infieles.

Ahí me crecí, me lo creí. Acostumbrado a verle extender las alas y ganar partidos con la casaca blanca, con la de España también lo haría. Y mi fe aumentó, me lo creí, confié, tuve fe en él; en Casillas, en el Santo. El Santo de Mostotes, de Madrid, de España y ahora de Europa. Desplegó las alas, el aura, la bandera de España y nos llevó a semifinales. Rompió el gafe, el maleficio, vengó a Luis Enrique, quitó la losa que se encontraba a la espalda del país; nos hizo disfrutar, olvidar la crisis, los problemas, que estamos a fin de mes e incluso el dolor de muelas y nos saco una sonrisa.

Durante el partido, sin embargo, España pudo ganar haciendo su fútbol. Una ramplona Italia no parecía capaz de hacernos gol justo el día en el que los defensas españoles se conjuraron para defender mejor que nunca. España tocaba y tocaba sin lograr abrir la lata italiana. Silva creaba peligro cada vez que cogía el balón y Senna lo desbarataba cuando las camisetas blancas se acercaban a Casillas en tromba. Pese a poder y deber ganar el miedo estaba en el cuerpo de todos y cada uno de nostros.

Porque cuando llegas al minuto 75 contra Italia y el marcador está 0-0, lo normal es que te vuelvas a casa, y con cara de tonto por supuesto. Que marquen en un rechace, de un cabezazo, que marque la historia. Porque no sólo atacaba Italia, también la historia, nuestros fantasmas y las eliminatorias perdidas de cuartos, e incluso espaguetis y gladiadores. Eramos 11 españoles contra 11 italianos y las circunstancias, que son muchas, pero esta vez no ocurrió. Pese a que Toni nos hacia temblar cuando pisaba el area, o incluso el medio centro, España se mantuvo firme. Con los cambios fuimos más verticales, y si llegamos a la prorroga y luego a penaltis, ahora sé que fue para hacer sufrir a Italia, que estaba convencida de su victoria. Para devolverles de golpe todos los sufrimientos. Para cerrar la herida y olvidarla para siempre.

En la prorroga, con más correcalles de lo que nos convenía también aguantamos bien, sin mayor problema que imaginar a Toni haciendo el jugadón de Maradona en el Mundial del 86, ilógico pero con el canguelo era hasta imaginable. No pasó nada más que un par de oportunidades españolas.

A partir de ahí lo contado al inicio. Los penaltis, Cesc, quien le decía al balón antes de batir a Buffón y darnos el pase a seminfinaes “tengo que demostrarlo”… Y finalmente Casillas, el Santo. Amén.

sábado, junio 21, 2008

VUELTA DE TUERCA A LA HISTORIA

Mi primer recuerdo de Italia es de cuando yo tenía 8 años. Se jugaba el mundial en el país transalpino y veraneaba por aquel entonces en un pueblecito cercano al Escorial: Los Arroyos. Entre juegos con mis primos, baños en la piscina y patadas al balón, se coló en un pequeño televisor del salon de casa el Mundial de Italia, con esa mascota tan peculiar. Todavía no era consciente de la importancia de aquella multitud de partidos pero, pese a todo, más que de la selección italiana guardo vagos recuerdos de la Argentina de Maradona.

Fue cuatro años más tarde, tenía doce, cuando ya era plenamente consciente de lo que era un mundial, de quien era España y quien Italia, cuando me llevé el primer palo de verdad. En esta ocasión fue en un pueblo de la Alcarria: Cabanillas del Campo. Partido igualado, Luis Enrique, sangre, codazo, Tassoti, Julio Salinas y cuando recuerdo a Baggio y sus trenzas se acabó el sueño.

Con sólo 12 años la realidad se me plantó de frente. Porque esa es la realidad. Luego nuestros cruces no se sucedían pero ya en los enfrentamientos de clubes les sufríamos, y en competiciones de naciones ellos avanzaban mientras que nosotros les veíamos desde casa.

Cuando les ves competir, cuando les ves jugar, cuando ves a los tifossi animar, entiendes todo. Yo tuve que ir a Roma a presenciar un partido para entender que allí el futbol es otra cosa, no es un deporte, no es un entretenimiento y ni si quiera una pasión. El futbol es su vida. Y mientras que los tifossi se dejan el alma en la grada, los jugadores azzuros lo hacen en el campo, y muy bien.

La Eurocopa comienza ahora. Los partidos de antes no valen, esa impresión daba viendo a selecciones como Italia o Alemania en la fase previa, que parecían saber que una vez en cuartos jugarían como saben. Son ganadores, saben competir, y sobre todo ganar. Y a Italia le toca el domingo contra España.

Pese a todo, porque muy positivo no estoy siendo, en algún momento llegará el día en que cambie la historia, en que se de una vuelta de tuerca. Llegará un día en el que ellos nos vean en la final desde la televisión. No sé cuando, sólo que pasará. ¿Y por qué no éste? Ahora podemos. Me imagino a Villa metiendo el primero y volviendo loca a toda España, al gran Sergio Ramos callando la boca a todos los que le criticaron, al niño Torres corriendo como sabe por las praderas austriacas ante una Italia volcada en nuestra portería, a Casillas parando y mirando de reojo a Buffón, y a Xabi, Fabregas e Iniesta mareando a los italianos mientras españa se convierte en una gran bandera rojigualda.

Cierro los ojos y mientras alzo la copa veo dentro de 30 años a un chaval en un pueblecito de Milan contando que cuando tenía 12 años, la selección española acabó con un primer sueño europeo.

jueves, junio 12, 2008

HERIDA INOPORTUNA

Una herida en mitad de la frente. En eso se ha convertido la polémica entre Luis Aragonés y Torres en lugar de pasar como una pequeña marca a punto de desaparecer. Porque lo que comenzó como un borrón, que lo es, se ha convertido en una polémica por la poca mano izquierda del seleccionador. El mister se ha encargado de rascar un grano que no iba a pasar de anécdota hasta que se ha convertido en una herida difícil de disimular.

Porque Torres, con su parte de culpa, no debió irse del campo como se fue. No lo merecen los suplentes, que ni tan siquiera han disfrutado de sus minutos en el campo, ni Luis Aragonés, a quien no debió negarle la mano. Esas rabietas, que en los jugadores son habituales, no son normales por mucho que se repitan. Sin embargo, se trata de un momento en el que el jugador está caliente y es más entendible que la actitud del entrenador en rueda de prensa media hora después del pitido final; en frío, con medida, y sin embargo, Luis sin control...

Cualquier entrenador, sabiendo que en rueda de prensa iba a ser preguntado, hubiera señalado algo parecido a que “me gusta que mis jugadores se enfaden cuando los cambio”, o “si alguien no se enfada con el banquillo mejor que se hubiera quedado en casa”, o “prefiero un toro bravo a un manso”; no sé, hablar del sexo de los ángeles si fuera necesario. Algo totalmente distinto a “esto no se queda así”. Porque Luis, por si alguien no lo había percibido, no tiene mano izquierda, es diestro cerrado. Con sus palabras pasó rápidamente la página de los tres goles de la ilusión para enzarzarse en ridículas polémicas en público. Qué fácil hubiera sido hablar a solas con Torres al día siguiente, sin la prensa delante, sin España delante. La cosa hubiera quedado arreglada y se hablaría de Villa, del buen papel ante Rusia y de las partidas a la Play de los jugadores.

Ahora se habla del grano o ya, de la herida; y habla el Mister, habla Juanito, habla Torres y hasta el primer periodista que pasa aquí y que ya no se acuerda de los goles… yo mismo. Mientras la herida supura, Ibrahimovic espera a la a la vuelta de la esquina.

miércoles, junio 11, 2008

VILLA ILUSIONA A ESPAÑA

España nos ha estado engañando, jugaba al despiste en los partidos de preparación. No puedo rescatar otra idea del partido de ayer. Bueno, puedo sacar otra; mi corazón está ilusionado mientras que mi cerebro le insta a mantener la calma.

Iremos por partes. Tanto tiki taka, tanto juego al pie y tantos bajitos, parece que los altos no la saben tocar, y por lo que vimos ayer los bajitos son mejores porque a la contra corren más. La tocan rápido en lugar de manosearla, y la tocan muy bien. España avanza hacia la portería rival rápido, incluso con balones largos, que no son lo mismo que pelotazos. Recuerdo uno a Villa, otro en el primer gol. Cuatro goles en cuatro contras. Cuatro veloces transiciones, término que gustará más al entrenador. Tres jugadores hicieron el primer gol, Capdevilla en largo a Torres y éste le dio el abridor y casi la lata abierta a Villa. 1-0, todo empezó bien.

Estábamos preparados para ver cine de época, en blanco y negro, brillante pero lento, y nos encontramos con una superproducción de Hollywood con pistolas y explosiones, concretamente cuatro.

Aún así debemos ser cautos, porque con 1-0 Rusia estrelló un balón en el poste del que aún no me he recuperado, y llegaron con relativa facilidad mientras que el partido estuvo vivo. La defensa sigue siendo un punto débil, pero es cuestión menor cuando el rival tiene la mirilla desviada y los nuestros acaban de hacer prácticas de tiro. Por si fuera poco el viento a favor que sopló tras el primer y tempranero gol ayudó. En ocasiones me recordó al Madrid, al que su historia obliga a llevar el control del partido y ganar al rival encerrándole en su área y finalmente opta por lanzar flechas desde lo lejos. Más efectivo y menos arriesgado.

Si a España, o a mí, no la tranquiliza encontrarse con Holanda, Alemania o Portugal, en cuartos, estoy convencido de que a ellos tampoco les gustará cruzarse con nosotros. La historia lo recomienda pero el partido de ayer no. Estoy confundido, desorientado, y aquí llega mi segunda idea tras el partido de ayer. El corazón contra la razón.

Lo que queda finalmente de ayer es el resultado, 4-1. Los goles de Villa, la jugada de Iniesta, la velocidad de Torres, los robos de Senna, que Casillas no se ha dejado el santo en Madrid, y no sigo que ya me veo en Viena levantando la Copa. Mi corazón salta y quiere gritar el oeoeoeoe, pero mi sentido común, y sobre todo la experiencia, me mantienen sentado en la silla. Estamos viviendo un sueño repetido y, salvo hace 44 años, siempre acaba en pesadilla. Igual nadamos para hundirnos en la orilla o incluso en mar adentro, pero quiero pisar la orilla. A eso se agarra mi corazón, y espero que partido tras partido también mi cerebro.