EL GENIO DE UN GENIO
Todos esperábamos la imagen de un Zidane imperial, levantando la copa como último recuerdo de su ciclo futbolístico. La culminación perfecta para una final que se había encargado de magnificar con el lanzamiento de un penalti como sólo los más grandes se atreven. Fue el último detalle, la última exquisitez, la última gota de magia. Pero todos los genios tienen cosas inexplicables, y Zidane agredió a Materrazzi. Fue un error inexplicable pero no merece un linchamiento público. No es el final deseado, pero no puede empañar una trayectoria que deberíamos recordar por los buenos ratos que nos ha ofrecido: Las rouletes, controles, su sencillez dentro como fuera de la campo, y para terminar el penalti a lo Panenca.

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