EL IDIOMA UNIVERSAL
Es similar el lenguaje del fútbol al del amor. En cualquier rincón del mundo un beso o una caricia tienen el mismo significado. Algo parecido ocurre con un gol, una parada o una derrota. Provoca los mismos sentimientos en África que en Europa Occidental, dos lugares del mundo muy distintos, pero muy similares cuando un balón se encuentra entre ellos. Un balón o un beso, ya digo, provocan similares sentimientos.
El fútbol y el amor unen, alegran la vida, y en ocasiones el famoso cosquilleo en el estómago guarda similitudes. Pero perder alguna de estas dos actividades duele. Se echa de menos, se extraña hasta que vuelve a aparecer. Igual que un enamorado espera ansioso un nuevo beso de su pareja, ese mismo enamorado espera la llegada del domingo, para ver a su otra pasión. Amores distintos pero complementarios. Amor al fin y al cabo, y el amor es irracional.
Es el idioma universal. Ya no nos provoca extrañeza, sino naturalidad, ver a un argentino con la camiseta de Maradona jugar con un ucraniano con la de Shevchenko en Madrid. Distinta época, idioma y ciudad, pero se entienden, se divierten y se aceptan. El anuncio de la Plataforma Pro Selecciones Deportivas Catalanas manipula el fútbol, y sobre todo la imagen de los niños. El fútbol les une y les divierte, y ni entienden ni quieren entender de política. Un niño sólo ve un balón, una portería y personas. La camiseta sólo importa si es la de su ídolo.

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