YO SOY DE PEREZA
Como animales enjaulados. Fue la impresión general que dio un concierto que minutos antes de su comienzo parecía una obra de teatro. Los seguidores de la banda tan sólo observaban un escenario que parecía imitar un bosque. Árboles, hojas secas, arbustos, pero de música ni rastro. Fue en ese momento, en el que comenzaba a extrañarnos, cuando aparecieron Leiva y Rubén, o lo que es lo mismo, Pereza. Con esa ambientación todo cuadraba y sólo faltaban ellos, los animales. Porque de una u otra manera Pereza son dos animales (“en cualquier parte con un platico nos vale”).Una vez habituados al hábitat, y con el público dubitativo (¿de pie o sentados?), comenzaron el concierto. Con el anfiteatro superior en pie, y el resto del teatro sentado, como si las entradas más baratas hubieran sido compradas por los más alborotadores, empezó a sonar “Como lo tienes tu”, (un día quiero dejar el mundo entero por ti la misma noche me aburro y no eres para mi), “Si quieres cantamos” o “Madrid”, su ciudad y la de su público, que poco a poco parecía soltarse los corsés iniciales.En “Todo”, el acústico se hizo más acústico que nunca, lo que propició una nueva bajada de la temperatura teatral, que continuó con los tres temas inéditos con los que obsequiaron a los asistentes. Poco después, y tras el homenaje sombrerero a Tuli, ex miembro perezoso, interpretaron uno de los primeros éxitos de la banda, “El Horóscopo”, con un guiño a los fans más primerizos ya que Leiva recordó cuando hace poco un seguidor le dijo, “qué bueno vuestro primer disco este de los animales, que arreglos más guapos”. Lo contaba con la ironía canallesca que les caracteriza. Recuerdo de nuevo que son unos animales, unos canallas, y por qué no unos cabrones, ellos mismos lo dicen.Y llegamos a los bises con su mayor éxito (comercial) hasta el momento, “Princesas”, con el que consiguieron que todo el teatro, esta vez ya en pie, se diera en cuenta de que “cualquier excusa, una chorrada es buena para brindar”, gran noticia pero triste porque poco después nos decían “que inoportuno fue decirte, me tengo que marchar”, así que tras “Pienso en aquella tarde” en el que apaciguaron los ánimos del respetable, terminaron con “Superjunkies”. Así se desató la locura, las alegrías, las penas (el concierto terminaba), la orgía de drogas y superhéroes, y la fiesta. Pero antes abrieron la jaula, y los animales, tanto los del público como los del escenario, escapamos de allí en busca de un nuevo refugio, pero sin olvidar las dos horas anteriores. Pasamos buen rato, divertido, buena música, pero ya se sabe que los animales no pueden estar enjaulados, no pueden comportarse como personas, y necesitan del aire libre, de libertad, y por qué no, también de libertinaje.. Yo soy de Pereza, pero mejor en una plaza de toros.

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