DESPEDIDO
En el fútbol, como en la vida, todo pasa rápido. La misma rapidez con la que olvidamos la tragedia del ayer para disfrutar la alegría del mañana se ve reflejada en el fútbol, donde no importa el pasado y sí, y mucho, el presente. Una derrota tras una holgada victoria sólo sirve para sacar lo más negativo de cada equipo: declaraciones, vidas nocturnas o telarañas en los vestuarios. Aunque afortunadamente para los jugadores, centro de este deporte no lo olviden, la forma viceversa también cuenta, y un equipo puede pasar del desastre a la excelencia en cuestión de días.El Valencia vive este año los rigores del fútbol del momento. El Carpe Diem imperante
en la Liga responde a unas obligaciones que el equipo che no ha podido digerir. Lo más importante es ganar, y esta premisa adquiere un valor extraordinario, vital incluso en algunos clubes, si se consigue jugando bien. A algunos tan solo ganar no les basta. Ocurrió con el Madrid de Capello, que celebró su título mientras volvía incrédulo a Italia, y también le sucedió a Quique Sánchez flores, que cuando la temporada se intuía larga e interesante se vio en casa ante el televisor.Pero quien nos ocupa es Koeman, despedido porque ni siquiera alcanzó la premisa de la victoria, que no es tan sencilla por cierto. Únicamente la logró en la Copa del Rey y da la impresión de que tuvo más importancia
una conjura milagrosa del vestuario que su labor en el banquillo. Además de los pobres resultados, Koeman iba directo al despido desde su llegada. Un carácter agrio, o decisiones salomónicas le abrieron la puerta de salida el mismo día que aparecía por la de entrada. Apartar a Albelda, Cañizares y Angulo fue considerado como una afrenta al club, una acción similar a arrebatar del escudo valencianista el murciélago o el balón que da sentido a la historia del club.Koeman, creyéndose respaldado por el Consejo de Administración, olvida que el público es soberano, por mucha Sociedad Anónima que sea el Club. Sólo de esta manera consiguen convertir las ovaciones y los cánticos en renovaciones y mejoras salariales, y los pitos y pañuelos en un despido inmediato. El público también pidió el despido de Quique Flores, más por su fútbol tosco que por su falta de resultados, a Koeman lo han sentenciado por ambas. Despedido

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