FIN
Termina la temporada para el Barça. El Barcelona jugó mejor, tocó el balón, creó más peligro y, por un momento, dio la impresión de poder repetir la hazaña del Bayern en Getafe. Podría haber pasado pero un equipo que no tiene gol, no puede ser finalista de Champions, no lo merece. Al igual que no merece un puesto de trabajo quien no acude a la entrevista o no se puede montar en moto sin pedalear antes en la bicicleta. El Barcelona se olvidó de meter el gol, tan importante como olvidado en la plantilla blaugrana.
Señalaba días atrás que, quizá, tener todos los elementos en contra podría hacer finalista a los de Rijkaard, sin reparar en que si uno de estos elementos es la falta de gol nada podrían hacer. Esperar un empate a cero que culminara con una tanda de penaltis no entra dentro de las estrategias del Barça y carecería de toda justicia. El Barcelona no sabe jugar a defender, imposible con su formidable ataque y con su maltrecha defensa. Jugó de la manera con la que obtuvo la gloria hace un par de años, fue uno de esos haces de luz en una temporada de oscuridad. Pero sin gol, maldito gol.Messi, Messi y más Messi trataba de abrir la puerta estudiándola escrupulosamente, quitando todas las bisagras, el picaporte y el marco, pero fue Scholes quien la tiró abajo. Sin pudor ni educación. Fue un puñetazo duro y seco, y el Barça no pudo más que seguir dando vueltas alrededor de la puerta sin darse cuenta que los jugadores del Manchester iban pasando uno a uno.

Porque los diablos rojos pasaron uno a uno, sin hacer ruido, alejados de la fantasía y los flashes ante los que nos habíamos vacunado. El torbellino con el que el equipo ingles amenazaba no fue tal, y si no fuera por el dichoso gol, no hubiera merecido pasar la eliminatoria. Este Manchester, al menos el de esta eliminatoria, no tiene nada que ver con lo que tenemos en la cabeza al pensar en el fútbol inglés o con el partido centelleante y espectacular que vimos entre el Liverpool y el Arsenal, y sí muchas similitudes a un encuentro de la Juventus o un autobús de Clemente. Ante un partido como el de ayer, Cristiano Ronaldo deja de ser el jugador de moda con una cláusula superior a los 120 millones de euros para convertirse en el novio de la chica que es portada de una revista. Ante el fútbol de ayer, el Teatro de los sueños no es más que un cine con películas de serie B.
Pero no acaban aquí las desgracias culés. Con muy mal criterio han tirado la Liga y la lucha ante un Villarreal centrado en la defensa del segundo puesto se augura desigual, física y psicológicamente. Además, estos cuatro partidos pueden servir para seguir repartiendo bajas en la plantilla o para adornar de pañuelos el Camp Nou.
¿Qué les parece poco? Pues aun hay más, se avecina un pasillo al eterno rival… Las desgracias nunca vienen solas.

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