LA OTRA CARA DEL FUTBOL
La vida del futbolista profesional puede llegar a ser peligrosa. Una amalgama de fuerzas contrarias pugnan por salir a flote en su vida, y lograr el equilibrio deseado no es sencillo. Los futbolistas, como las personas, tienen los hombros ocupados. Un el derecho se encuentra el ángel bueno, recordándoles continuamente lo que deben hacer, el rigor que requiere la vida, también la deportiva, y el problemas de los excesos. Mientras tanto, en el hombro izquierdo se encuentra el demonio, total, una copita no hace nada, dejar de entrenar por un día tampoco, o acabar con el habitante del otro hombro no es un suicidio sino una liberación.
El problema es que en ocasiones la pugna no acaba bien y la vida del futbolista es una película que puede no tener final feliz. Todas las tentaciones mortales en los futbolistas se multiplican por cien, misma multiplicación que sufren sus cuentas corrientes, y facilita cualquier tipo de distracción. Jóvenes, famosos y con dinero, una peligrosa mezcla con final conocido por muchos futbolistas.George Best, genio del Manchester de finales de los 60, falleció a los 55 años tras una brillante carrera. “Gasté mucho dinero en alcohol, mujeres y coches de carreras; el resto, lo malgasté” señalaba en vida, dejando clara su
actitud de estadios para afuera. Actitud que no dista mucho de un genio con el balón llamado Gascoigne, cuyos virtuosismos con la pelota se quedan en juegos de niños al lado de sus ingestas alcohólicas. Resulta que ha intentado suicidarse. Y lejos del suicidio pero también de cualquier ejemplo para los niños se encuentra Ronaldo, quien ha sido denunciado por una prostituta a la que contrato junto a otras dos amigas, que luego resultaron ser travestis, para reponerse de un enfado marital. Después se habló de denuncias de drogas, y demás pecados, que si no son capitales, sí, al menos, vergonzantes para cualquier persona pública. Ronaldo se defendió acuñando hombría, heterosexualidad y virilidad, “cuando vi que eran travestis retiré al equipo del campo”, sin reparar en que su novia, ya ex, lo veía desde casa, esperando un “lo siento”. Peor el remedio que la enfermedad.
Best no pensaría en las consecuencias cuando tomo la primera copa, posiblemente después de un partido o de una buena actuación. Brindaría por la excepcionalidad de la ocasión, como quien se fuma su primer cigarrillo negando los efectos de una nicotina que meses después le tendrá preso. Gazza parece seguir ese mismo camino. Ronaldo está a tiempo, no debe seguirlo, aunque sólo sea por los niños que tiene su póster en la pared y sueñan con emularle.

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